Implicancias del “taller” en el Área de Salud Mental

Por Mt. Mercedes Gómez.

El motivo de este trabajo es pensar acerca de la integración del dispositivo “Taller” en el Área de Salud Mental, más allá de los cuestionamientos que suele suscitar esta nominación cuando se trata del espacio de Musicoterapia dentro de un abordaje en Salud.

Si bien muchas veces este nombre es planteado desde la institución, considero conveniente re-definirlo en relación al trabajo clínico con pacientes psicóticos, tomando como punto de partida algunas situaciones que sucedieron en la práctica misma y que me han llevado a reflexionar sobre esto.

Por ejemplo, en el consultorio particular donde trabajo en equipo interdisciplinario con una modalidad de Hospital de Día y los espacios grupales (M.T.; T.O.), no son presentados a los pacientes como “talleres”, han surgido comentarios de alguno de ellos que considero interesante citar en relación al tema planteado.

Es el caso del paciente L. (28años) quien en una oportunidad llega a nombrar el espacio de M.T. como “taller”, al mismo tiempo que comentaba acerca de algunas actividades que estaba empezando a realizar por fuera del tratamiento, como ser: la búsqueda de un trabajo que le agrade, la intención de lograr una organización en sus tiempos personales, sus ganas de tomar clases de bajo, el proyecto de grabar un demo con sus canciones (venía trabajando con éstas en el espacio de M.T.). Es más, hace poco tiempo, mientras comentaba acerca de la dificultad que tiene de hablar de su enfermedad con otras personas y la necesidad de explicar a sus amigos qué es lo que él hace en M.T., L. me dice: “mis amigos me preguntan qué hago acá, si me acuesto en el piso y me ponen música, si nos relajamos....yo les digo, no!...en el taller de M.T. somos activos: hacemos música, creamos, improvisamos, nos grabamos...a veces estamos mal y no tenemos ganas... y no hay problema....con el grupo vemos qué da para hacer ese día.....”

De este modo, a partir de ésta y otras situaciones que fueron sucediéndose en la clínica, empecé a preguntarme un poco más sobre la implicancia que tiene esta nominación, “Taller”, tanto para los pacientes como para el abordaje mismo.

Por este motivo, y para profundizar en el tema, tomaré como referencia el trabajo que vengo realizando desde hace varios años en el Hospital Nacional Posadas.

Area “Hospital de Día”. Servicio de Psiquiatría, Hospital Nacional Prof. A. Posadas.

El hospital de día es un programa asistencial dirigido a la atención de pacientes adultos que padecen trastornos psíquicos graves (psicosis, neurosis graves).

Dentro de los objetivos principales del Hospital de Día se encuentran: la rehabilitación y resocialización de los pacientes.

La estructura asistencial del Hospital de Día está compuesta por:

* Coordinación General
* Proceso de Admisión al Hospital de Día
* Red Asistencial:
* Entrevistas psicológicas individuales
* Entrevistas psicológicas familiares
* Entrevistas psiquiátricas
* Red de talleres: “Teatro”; “Plástica”; “Expresión Corporal”; “Escritura”; “Musicoterapia”; “Integración Social y Reinserción Laboral”.

En dichos talleres de trabaja con los pacientes en forma grupal y en forma individual, si el paciente lo requiere.

Los profesionales del Hospital de Día conformamos un equipo interdisciplinario y en cada uno de los espacios terapéuticos existe una modalidad de trabajo que lo caracteriza.

No obstante, todos los abordajes que se desarrollan dentro del área están inscriptos en un modo de pensar la clínica; en una lógica en común que se sostiene sobre la base de un marco teórico a partir del cual se analiza y reflexiona sobre lo que le sucede a cada paciente.

De esta manera se conforma, a decir de la Lic. Fantini, coordinadora del Hospital de Día: “una trama asistencial que funciona como integradora de las escenas significativas que cada paciente desarrolla, tanto en los espacios individuales como en los grupales, para elaborar desde allí las distintas intervenciones clínicas”.

Y en este punto, entonces, la importancia del trabajo en equipo interdisciplinario, especialmente si se tiene en cuenta las características de la población que se atiende en el área.

Por otra parte, los profesionales no sólo desarrollamos la tarea asistencial sino también participamos del espacio semanal de reuniones de equipo y en las supervisiones quincenales, para las cuales se convoca a un profesional que no forma parte de la institución.

En cada taller hay un coordinador y un terapeuta que acompaña la tarea. Este último tiene una función de escucha y observación de lo realizado, lo que a su vez permite enriquecer la lectura y análisis posterior de lo ocurrido. De ser necesario, este terapeuta acompañante interviene en el grupo. Por ejemplo, acompañando a algún paciente en su accionar, trabajando con él en “espejo” con el fin de llegar a ofrecerle alguna imagen en la cual sostenerse y sostener a su vez la tarea grupal.

La integración del “terapeuta acompañante” dentro de la coordinación del taller, posibilita la incorporación de una “terceridad” en el vínculo transferencial entre el terapeuta que coordina y cada paciente. Es decir, se produce una “desmultiplicación” de la transferencia, poniendo en acto que no hay uno solo que porte todo el saber.

Este es un aspecto que se trabaja en el Hospital de Día a partir del vínculo que cada paciente entabla con los distintos profesionales del equipo que lo asiste y es importante destacar dado que, por las características de su estructura psíquica, estos pacientes tienden a establecer con el terapeuta una “transferencia masiva”.

Por otra parte, en cada uno de los talleres se trabaja con los pacientes en forma grupal; durante 2 horas y generalmente con una frecuencia semanal. Cada taller tiene dos momentos de trabajo: el primero, llamado por los pacientes “desayuno, merienda o almuerzo” (según el horario), donde toman una colación e intercambian experiencias y opiniones. Muchas veces aquí surgen ideas y propuestas que posteriormente son trabajadas en la actividad. En el caso de Musicoterapia, también es un espacio donde los pacientes suelen seleccionar y escuchar música en el grabador.

Luego, en un segundo momento, se desarrolla la tarea propia de cada taller, la cual estará caracterizada por la utilización de técnicas y recursos específicos, según el espacio al que hagamos referencia.

Definiciones generales del "taller".

Para profundizar acerca del dispositivo “taller” (del francés, “atelier”), tomaré en cuenta el significado que originalmente se le otorgaba al término.

Uno de los autores refiere que el trabajo en el taller “procede del establecimiento del vínculo y la comunicación a la producción y a la tarea, en tanto a través del grupo se logra la síntesis del hacer, el sentir y el pensar (...) Puede combinar perfectamente el trabajo individual o personalizado y la tarea socializada, grupal o colectiva. Posibilita la superación de conflictos personales, facilita la comunicación y la apropiación del objeto, el transformar y transformarse, el aprender a pensar”.

Expresa dicho autor: “los talleres nacen como un tiempo y espacio para accionar, sentir y pensar en libertad junto a otros. Como lugar de indagación de la realidad, de cuestionamiento y transformación (...) El taller posibilita la búsqueda de nuevas estructuras-estructurantes”

Tomando las palabras de la Lic. Fantini (2001), el taller se constituye como un “...lugar donde cada paciente, en su producción artesanal y de creación, logre restituir una esfera de la actividad psíquica subjetiva, generando el interés por una vida social más activa y una autonomía progresiva en sus vínculos familiares y sociales ...”

Noemí Romano, profesora de expresión corporal, en el texto “Una cita con la psicosis” expresa: “Los talleres son espacios-tiempos para producir (...) realizar la tarea que nos convoca. Estas actividades poseen leyes que trascienden a los coordinadores del taller y a los pacientes, leyes que se relacionan por un lado con lo real del material con el que se trabaja y por otro con la técnica, una forma que encontró la cultura para trabajar con cada material, orden simbólico en el que el coordinador también se inscribe” (...) “La técnica funciona aquí como un lugar tercero que posibilita el trabajo con pacientes psicóticos”.

En este sentido, se toma la disciplina como una herramienta o instrumento para la subjetividad. Y a su vez desde la disciplina hay algo simbólico que sostiene.

Por otra parte, siguiendo con esta concepción teórica, en el taller hay un acento puesto en la actividad y en lo que potencialmente cada persona puede hacer.
De esta manera, desde los talleres se apunta a rescatar el “gusto propio”. Vamos escuchando y propiciando que aparezca algo de las “ganas”, acompañando a cada paciente en su despliegue hacia ese hacer. Y hay, además, una apuesta a la posibilidad de “elección”: que cada uno de ellos pueda llegar a elegir una actividad, la cual le abrirá la posibilidad de conectarse con algo de lo singular, con algo de su subjetividad.

Así, a través del encuentro con esa actividad que disfruta, ha elegido y de alguna manera lo convoca; cada paciente expresa y pone de manifiesto rasgos de su persona. Citando nuevamente a Noemí Romano (1995): “Estamos atentos a que aparezca la más mínima diferencia para mostrarla al paciente, devolviéndosela como suya, promoviendo que crezca. Soportando, por más dura y aburrida que sea, la repetición en el hacer. Repetición que permita enlazar, ligar, inscribir, anudar (...) Proponemos en acto cuestiones de identidad y de alteridad.”

“El sujeto es protagonista, desarrolla un proceso activo de transformación recíproca entre el sujeto y el objeto como camino con alternativas, con equilibraciones y desequilibraciones..."

En este sentido, se busca promover que cada paciente logre ubicarse en una posición “activa” frente al trabajo grupal. Se lo convoca a un lugar de subjetividad para que, paulatinamente, vaya pudiendo ‘apropiarse’ de ese espacio que se le ofrece llegando a producir y construir algo desde lo propio a partir de ese trabajo han elegido y que, de alguna manera, los representa.

En función de lo expuesto, es importante diferenciar esta acepción de taller de un “hacer des-subjetivado”, desvinculado de la persona que lo produce. No es un hacer en serie, un “hacer por hacer”, un hacer que busca la perfección.

El taller tiene que ver con lo que se construye artesanalmente y en lo artesanal hay una marca diferencial. Por consiguiente, el concepto de taller tomado desde el origen, tiene que ver con lo artesanal que permite la “marca propia”, justamente lo contrario con la producción en serie e industrializada.

Por otra parte, el taller tampoco es un espacio de “recreación”, de distracción planteada desde una actividad determinada. Los pacientes no van a divertirse o a “pasar el rato para no pensar”.

No es sólo “ocupar el tiempo y el espacio”, sino que implica, además, el buscar fundar una temporalidad y un espacio para la escucha y la producción de un individuo implicado en ese hacer.

Relación entre el “taller” y características de la psicosis.

En función de lo expuesto acerca del “taller”, se podrían establecer ciertas relaciones entre las características del mismo y el trabajo con pacientes psicóticos.

Para establecer dicha relación, tomaré como referencia algunos de los aspectos mencionados:

1) Se busca favorecer el establecimiento de vínculos y contactos con la realidad, a través de la participación activa en el grupo, la ‘conexión’ con las propuestas ofrecidas y el compartir ‘con otros’ un espacio en común. Ahora, partiendo de que en la psicosis, según Freud “(...) existe una “perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo exterior” cobra importancia el que cada paciente pueda llegar a establecer cierto vínculo con la producción y la tarea.

2) En relación al concepto de “exploración” en lo que hace al trabajo en cada taller, se promueve en éste la indagación de la realidad, y la posibilidad de cuestionamiento y transformación.

Los pacientes exploran, no sólo los elementos y técnicas que forman parte de la actividad sino también las posibilidades y capacidades que existen en cada uno de ellos para hacer uso de los mismos. Exploración como un descubrimiento, como búsqueda de algo nuevo, como una manera de conocimiento mutuo. Exploración como búsqueda de lo propio, la cual abre la posibilidad de construcción.

3) De esta forma, al promover que cada paciente pueda ocupar un lugar más activo frente a su entorno y a su hacer se lo convoca, como antes decía, a un lugar de subjetividad.

Desde el hacer, el accionar y el contacto con la realidad a través de lo sonoro, convocando al paciente a ocupar este lugar subjetivo y de transformación activa de la realidad se brinda, justamente a individuos con desorganización psíquica y desconectados del mundo, la posibilidad de conexión con lo real para poder, a partir de ahí y mediante un proceso activo, descubrir y organizar algo desde lo singular.

4) En este sentido, el “hacer artesanal” se constituye como uno de los caminos posibles que cada individuo emprende buscando rescatar “lo propio”.

En personas donde existe este arrasamiento a nivel subjetivo, lograr organizar y organizarse desde un hacer sentará las bases para poder llegar a una construcción propia. Construir donde hay un vacío o donde no hay más alternativa que la construcción delirante. Y aquí, retomando lo dicho, “el sujeto es protagonista (...) desarrolla un proceso activo de transformación recíproca entre el sujeto y el objeto, como camino con alternativas (...) con equilibraciones y desequilibraciones".

Carlos Benevet, ex coordinador de talleres en el Htal. de Día del Posadas expresa que: “el trabajo consistiría en construir un trasfondo desde lo simbólico, articulando herramientas, creando condiciones aptas (...) elementos indispensables para ir cimentando la construcción de la creatividad” (...) “El encuentro con la invención, la creación y la originalidad implica, en la psicosis, un arduo entretejido (...) Una búsqueda cuidadosa de historicidades, de atisbos de gustos, de rastros de intereses. Lo fortuito se transforma en proyecto, lo espontáneo en registro evocable, lo natural en regulado”.

Retomando, “una búsqueda de estructuras-estructurantes”...

5) Este hacer artesanal se encuentra inscripto en un tiempo y un espacio particular, donde existe cierta legalidad que regula (horarios, encuadres y terapeutas diferentes, momentos de trabajo, distintas técnicas, etc). Los pacientes no están a merced de la arbitrariedad del Otro, ya que este último también se rige por ese orden simbólico.

La “construcción” desde Musicoterapia

Ejemplificando el concepto de construcción desde el hacer musicoterapéutico, podemos citar la:

* Construcción de una escucha diferenciada. (Reconocimiento de timbres, matices, de una producción con características propias). Por ejemplo, en los trabajos grupales de producciones con instrumentos musicales se observa que el grupo, a lo largo de un proceso de exploración (rítmica, tímbrica, etc), va desarrollando una búsqueda singular y una mayor capacidad de registro de lo que van produciendo. Los pacientes analizan ‘cómo suena lo grupal’; escuchan y se observan ellos dentro de esa producción.

Es decir que hay un proceso en esas producciones, el cual se vislumbra a través de acciones tales como: la seleccionar y nombrar los instrumentos, explorar y reconocer sus características sonoras; la búsqueda de un pulso y una base rítmica que “sostenga”; la búsqueda de una coordinación grupal; de “contrastes” y “matices”.

Los pacientes empiezan a construir producciones “propias” con características que surgen del grupo y con una cierta organización; la cual generalmente se logra luego de un primer momento de exploración y “caos” necesario para que algo pueda ir surgiendo y construyéndose.

Tal como señala Patricia Pellizari en la Investigación Icmus: “la actividad sonora consiste, desde nuestra perspectiva, en un proceso de construcción y transformación de capacidades. Es la posibilidad de resignificar nuevos goces y con ello el enriquecimiento subjetivo y salugénico”.

* Construcción y resignificación de la propia voz a través del canto individual, grupal. En muchas de las actividades, los pacientes van en la búsqueda y el encuentro de la voz; o mejor dicho: la “voz propia” de cada uno. Ya sea en forma grupal o individual, intentan lograr un canto más espontáneo, singular y auténtico. Un cantar que los identifique y los represente.

* Construcción de letras propias, tanto grupal como individual, relacionadas con su historia.
* Construcción de una Base Rítmica que posibilite sostener y abrir a la creación de lo nuevo, generar ciertos cambios.
* Construcción de matices, de diferencias,
* Construcción de una producción sonora intencional.

Tomando como referencia la conceptualización propuesta por el Equipo Icmus, en la tercera modalidad de enlace con los objetos, “Construcción Creativa”, “el sujeto utiliza en libertad y plásticamente sus recursos perceptivos, motrices, afectivos y cognitivos-intelectuales con intencionalidad expresiva. Aquí el sujeto hace un trabajo de modelado sonoro, y los objetos son explorados y utilizados en pos de un estilo propio”.

* Construcción de un espacio, una modalidad de trabajo, un grupo con el cual compartir el mismo.

El lugar de las “presentaciones artísticas”.

El taller se constituye como lugar de lo artesanal que media entre el sujeto y la sociedad (tener en cuenta que la modalidad es Hospital de Día, donde justamente uno de los objetivos es la reinserción social del paciente).

Por este motivo las presentaciones artísticas también son una instancia importante para algunos pacientes, ya que éstas se inscriben dentro del tratamiento (es decir, tienen efectos terapéuticos) y son parte del proceso y recorrido que cada paciente, y el grupo, transita en pos de la construcción de vínculos y el reestablecimiento de los lazos con la sociedad.

Crear o restituir los lazos con el afuera, a través de una actividad propia, un producto artesanal o una producción artística...

Esa producción permite una circulación del individuo; que éste pueda circular y hacer lazo con eso que produce. Y en las la llamadas “muestras”, “festivales” o “presentaciones artísticas”, lo que circula es justamente la producción. Producto de un proceso singular y subjetivo.

Por ejemplo, uno de los temas recurrentes que surgen en los pacientes en una presentación frente a un público, es el pensar desde dónde presentarse. Algunos empiezan a considerar si decir o no que son “pacientes psiquiátricos”, que hacen tratamiento, que se atienden en un servicio de psiquiatría; lo cual hace que empiecen a tener en cuenta el cómo “representarse” frente a los otros.

Es decir: “quiénes son”; qué hacen en el hospital, cómo llegaron a estar en este grupo, “quiénes eran”, cómo estaban al comenzar el tratamiento y cómo están ahora, el momento de la descompensación; convocándolos así a reflexionar sobre su identidad, su historia y su entorno familiar. Hay una problemática que asumen y que, pese a ésta, no los deja atrapados en el lugar de “objetos” de su locura.

También se observa que para cierto grupo de pacientes (en general los que hacen tratamiento desde hace años) la presentación frente a un público ha adquirido un lugar significativo. Dichos pacientes comienzan a organizar sus producciones pensando y proyectando que en un futuro no muy lejano las mismas serán compartidas con el afuera. Serán “re-presentadas” ante un Otro social.

En este punto, podríamos pensar que esta instancia está ocupando un lugar particular en ellos. Lugar que propicia cierto sostén y organización en su hacer, el cual a su vez le permite armar un vínculo con el afuera.

“Se propicia la emergencia de un “sujeto” capaz de relacionarse con la música, agarrar la guitarra o subir al escenario, sin tener una percepción de fin de mundo. Sin tener la percepción de que ahí hay sólo un otro gozador que lo quiere expone. Esa persona puede soportar la crítica de los otros, o sea sabe que se está criticando una parte que no es de su ser, es de su producto y que por lo tanto no lo desintegra. Ahí hay un proceso de relación de cada uno, de reconocimiento del sujeto como discriminado del resto (...)”.

A modo de cierre...

En base a lo antes expuesto se puede pensar, entonces, que ya desde la nominación Taller se les ofrece a los pacientes un marco que enmarca una un hacer específico del cual puedan llegar a apropiarse para luego emprender un recorrido: un camino con alternativas que promueva la construcción de una producción singular, junto a otros, pero que a su vez lo diferencia de ellos.

Retomando: se construye ahí donde algo no se instauró. Se construye una marca propia que irá abriendo la posibilidad de que cada paciente logre ubicarse en un lugar de subjetividad.

Y en este punto, los talleres “ofrecen un lugar para que cada paciente encuentre allí su camino, para anudar en un hecho artesanal su propio soporte, y para extender esto a lo social...” (Lic. Fantini, 2001)

Bibliografía consultada

* Fantini, Norma; “La eficacia de la producción artística en el campo de la Salud Mental”; trabajo presentado en “Jornada de Arte y Salud”, Morón, 2001.
* Artículo “El taller de los talleres”
* Vegh, Isidoro, “Una cita con la psicosis”, Ed. Homo Sapiens, Rosario, 1995
* Kolko, Catherine; “Los ausentes de la memoria. Figuras de lo impensado”, Ed. Homo Sapiens, Rosario, 2001
* Freud, Sigmund, “Construcciones en análisis” (1937) en Obras Completas, tomo XXIII, Ed. Amorrortu, 2006
* Freud, Sigmund; “Neurosis y Psicosis” (1924) en: “Textos fundamentales de Psicoanálisis”, Ed. Altaya, Barcelona, 1993