Talleres de Música con Niños/as y Adolescentes en Situación de Calle.

Metodología musicoterapéutica. Observación de logros y cambios en dicha población.

Lic. Judith del Valle Martínez - (Registro de Derechos de Autor N° 589661)

Voy a referirme a una de las posibles áreas de inserción de la Musicoterapia dentro del ámbito social y comunitario: Centros de Día destinados a Niñez y Adolescencia en situación de calle.

Los cambios económicos y culturales producidos en los últimos 30 años, han traído graves consecuencias para América Latina. Son algunas de sus manifestaciones: el aumento del desempleo, las condiciones precarias de trabajo, el incremento de la pobreza, la polarización social, la fragmentación social, la desesperanza, la falta de perspectiva de futuro, la exclusión de masas de población de los circuitos sociales y de cobertura social, y la consolidación de una cultura del consumo, que conlleva desorientación y pérdida de sentidos.

Productos de un sistema que golpea a la sociedad generando violencia que se reproduce en el interior de las relaciones sociales y familiares.
Las instituciones de la modernidad (escuela, familia, etc) no consiguen dar respuestas válidas a esta crísis.

Las familias de los sectores más vulnerables desarrollan una serie de estrategias de supervivencia que producen modificaciones en su estructura, funciones y relación. Se ven obligadas a incorporar a todos sus miembros al mercado informal de trabajo. La inestabilidad material y socioafectiva, genera condiciones de desprotección y abandono. Condiciones que sumadas a la inexistencia o fragilidad de redes de sostén (flia. ampliada, redes vecinales, instituciones públicas y privadas) producen la posible expulsión del hogar.

El chico que deambula por las calles de la ciudad se incorpora al grupo de niños que ya vive en ella, sustituyendo con ellos a sus familias o reduciendo considerablemente los vínculos con las mismas. Abandonan la escuela, se apropian de espacios públicos, construyen sus propios códigos y se aíslan de la ley prescripta por los adultos. La vida de relación adquiere características especialmente violentas. Buscan allí sus medios de subsistencia, sus tiempos se desorganizan (viven en un presente continuo), carecen de recursos simbólicos para evaluar los riesgos que corren. La amenaza es real sobre el cuerpo (mutilaciones, heridas, accidentes, desnutrición, deterioro y consumo de inhalantes). Inician un circuito delictivo y de ingresos y reingresos a institutos de menores lo que refuerza la marginalidad.
Conforman así una identidad social desde la cual se relacionan y la cual a la vez los produce. El medio social en general les teme, los compadece o los ignora.

“Despojados del nombre”, “de la palabra”, la negatividad es la única respuesta posible a la pregunta quien soy. “Les está vedado el acceso a toda cosa que pueda serles propia”. Asumen el rótulo de la marginalidad.
Los Centros de Día surgen como una alternativa socioeducativa adecuada a las necesidades y características de esta población. Allí se brinda asistencia básica, acompañamientos en salud y propuestas educativas y recreativas. El objetivo de mínima es la reducción del daño. Y el de máxima, iniciar un proceso de salida del circuito de calle (acompañamiento a hogares, revinculación familiar, definición de posibles proyectos) . Están coordinados por un equipo interdisciplinario de profesionales (maestros, sociólogos, asistentes sociales, psicopedagogos, psicólogos) cuyo rol conforma la figura del operador social: referente adulto que hace vínculo con los niños, los acompaña en la cotidianeidad y cumple funciones normativas. Como otro rol diferenciado aparece la figura del tallerista (cuya tarea se centra en ofrecer experiencias que colaboren con un desarrollo más integral del niño).

Desde esta modalidad de abordaje, coordinando Talleres expresivos y artísticos de música, se integran los musicoterapeutas.
Los talleres se ubican en el paradigma de la niñez - sujeto de derechos; dentro del marco de la promoción social, la que reconoce al niño en su capacidad de ser partícipe de un posible cambio en su situación de vida. Constituyendo propuestas donde los niños empiezan a vivir experiencias más constructivas e integradoras.

En el presente artículo me interesa destacar los procesos que la actividad sonoro-musical habilita, y los cambios y logros que puede llegar a promover, según mi experiencia de trabajo desarrollada en el área.
La apuesta desde los talleres de música consiste en inaugurar espacios de encuentro, partiendo de encuadres más flexibles, adecuados a los ritmos de la población; hacia espacios de mayor pertenencia y estabilidad, que habiliten la posibilidad de armar proyectos y abrir perspectivas. Se van transformando así en espacios de referencia y de comunicación. Y como tales, constructores de oportunidad, frente al no – lugar otorgado por el medio social.
El objeto que intermedia la relación e inicia el vínculo es la música.

El sonido y los materiales sonoros ofrecen una amplia variedad y posibilidad de experiencias y propuestas.
Las canciones y la música que ellos reconocen como propia, son expresión de su modo de habitar la situación vital. Tomarla como punto de partida, ofrece una posibilidad de acercarse y significa reconocerlos como sujetos con una identidad sonoro – cultural; y empezar desde aquí a construir un vínculo de confianza que les permita enunciarse. Puerta para inaugurar otras posibilidades de ser desde otros lugares, otros sonidos, otras músicas. En y desde el vínculo se opera; es la relación de compromiso que tornará significativas las intervenciones del adulto y hará que empiecen a inquietarse por sus actos.

Hacer música como propuesta los convoca.
El desarrollo musical y las experiencias sensibles con el sonido promueven procesos particulares:

* La posibilidad de hacerse escuchar: Hacer escuchar lo que tienen para decir acerca de sí mismos a través de sus producciones. Un medio: la grabación, el registro de sus producciones con nombre propio, los aloja, frente a lo impersonal y fugaz de las relaciones.

* La posibilidad de escucharse: descubrirse y abrir preguntas sobre la propia posición, la propia voz.

* La capacidad de escuchar : que requiere hacer silencio, para escuchar a otros

* El desarrollo de la capacidad de organización: un producto musical requiere la selección y combinación de elementos (rítmicos, melódicos, sonoros, etc.) en un orden y estructura. Implica el manejo de la propia energía y las pulsiones para obtener un resultado (composición, canción, logro estético). A su vez, en el abordaje grupal, se estimula la producción y búsqueda compartida: lo que implica expresar y establecer acuerdos y reglas compartidas. Favoreciendo entonces el lazo social con nuevos modos de relación.
Se trabaja así, la particular relación con la ley a la que permanentemente intentan transgredir. Sabiendo que “el intento de inscribir el estatuto simbólico de la ley en el psiquismo o de cambiar la valoración de la misma constituye el mayor desafío con estos chicos”.

* En el hacer con los materiales sonoros empiezan a encontrase con sus poderes silenciados y a ampliar su mundo de experiencias. Desarrollan habilidades sensorio motrices, cognitivas y simbólicas.

* La música (el trabajo con cancionero) moviliza asociaciones, recuerdos, permite conectar experiencias, evocar emociones vividas, descubrir una herencia cultural compartida; convoca a la implicancia afectiva. Las letras de las canciones prestan palabras a aquello que no puede ser dicho. La invención de letras constituyen un medio para canalizar conflictos, una oportunidad para resignificar marcas subjetivas. Se generan procesos de autoconocimiento. Siempre que haya otro allí dispuesto a escuchar y a desear algo distinto para ellos.

* Las propuestas de ensamble musical, requieren ensayar temas musicales en conjunto: esto implica proyectar, volver a la próxima cita, empezar a apostar a un futuro, deja una marca frente a la inestabilidad de sus tiempos y vínculos.

La obtención de nuevos logros en el día a día, incide en aspectos claves del desarrollo:

* “la sensación de significancia” ( sentir que soy importante para alguien),
* “la sensación de competencia” (sentir que puedo)
* “la sensación de pertenencia” (sentir que soy aceptado),
* “el sentido de realismo” (reconocer que tengo capacidades y limitaciones),
* “la autoestima” (la valoración de sí mismo),
* y “la sensación de que la propia vida tiene sentido” (la formulación de proyectos personales).

En el aprender, interpretar, explorar o inventar, empiezan a descubrirse, a encontrarse y a conocerse en otros modos de hacer, de actuar y de estar. Otros modos de conectarse a la vida. Aprender a ser más receptivos, a expresar sus emociones y a disfrutar de nuevos intercambios.
Se abre una posibilidad de empezar a resignificarse como alguien que puede construir y por lo tanto que hay otras posibilidades de ser.

El desarrollo artístico promueve en los sujetos la capacidad de crear, de imaginar, de explorar, de producir, de decidir, de inaugurar algo nuevo, de abrir sentidos, de enriquecer las representaciones, de ensayar otras posibilidades, de ser activos.
En la medida en que uno produce sobre los materiales y los moldea, se produce a sí mismo.

Años de trabajo sostenido en el área como musicoterapeuta, me permitieron observar en los niños que participaron en los talleres musicales, los siguientes procesos y cambios:

* de la preponderancia del ruido, la impulsividad y la tendencia a ser centro sonoro y de atención, hacia la posibilidad de detenerse para escuchar y hacia la exploración y búsqueda de las cualidades sonoras (parámetros del sonido)

* de la tendencia a repeticiones rígidas en la producción y en la elección de músicas, hacia una mayor receptividad a lo sonoro y a la música,

* de la dificultad para organizarse hacia la posibilidad de empezar a hacerlo, de integrarse y de intercambiar ideas sonoras

* del retraimiento corporal, hacia el desarrollo de la expresión corporal y la asunción de la palabra y el empezar a hacer propuestas sonoras

* de la escasa utilización de cualidades sonoras, hacia la exploración y la variación.

Y a nivel subjetivo se observaron, en los mismos niños y adolescentes, los siguientes logros:

* Modificación en modos de vincularse

* Disminución del nivel de violencia y agresión

* Actitudes de cuidado para consigo mismos y sus pares

* Actitudes más receptivas, activas y constructivas

* Desarrollo de la autoestima

* Elaboración expresiva de conflictos personales.

* Sentido de proyección de futuro: concreción de pequeños proyectos, regreso a la casa, al barrio, a hogares, inclusión en centros educativos e incluso en algún caso inserción laboral.

Dichas observaciones me permiten concluir en que, las experiencias expresivas y de construcción artística sostenidas, producen un efecto reparador y resignificador de marcas subjetivas que las historias de vida, las relaciones familiares dolorosas y la calle deja. Potenciando procesos de desarrollo más sanos.

El camino no es lineal, es un largo proceso que poco a poco va dejando huellas, implica recaídas, nuevos intentos y comienzos, o reencuentros desde otro lugar. Siempre dialéctico. Los tiempos no se pueden fijar de antemano.

La hipótesis es que el crecimiento observado en lo musical, es también crecimiento en lo subjetivo y en lo grupal. Pero esta compleja problemática requiere de un marco más amplio y articulado de respuestas.